
Casa Miña Rula nace del vínculo con el lugar, de una historia familiar y del respeto por una edificación centenaria rehabilitada para seguir siendo hogar.
VUESTRO ANFITRIÓN
Eduardo Rodríguez
Me llamo Eduardo Rodríguez y estoy encantado de ser tu anfitrión durante tu estancia en Casa Miña Rula.
Soy hijo de emigrantes gallegos, médico de profesión, y mi devoción por Galicia está profundamente enraizada en los veranos de mi infancia. Casa Miña Rula es la concreción física de ese bagaje cultural y emocional, un proyecto que nace del vínculo con esta tierra.
Bastante ecléctico en aficiones y gustos, disfruto de las actividades familiares al aire libre, el románico gallego, la micología, la música, las costumbres populares gallegas y, por supuesto, la gastronomía gallega. Todo ello será, sin duda, una buena ayuda para poder aconsejaros durante vuestra visita, adaptando las recomendaciones a vuestros gustos e intereses.
Durante tu estancia, estaré disponible para responder cualquier pregunta que puedas tener y ayudarte a descubrir la Ribeira Sacra desde una mirada cercana y auténtica.
HISTORIA DE LA FINCA
La memoria viva del rural gallego
Casa Miña Rula se enclava en la tranquila aldea de San Xumil de Baixo, en la parroquia de Villaesteva, en el corazón del Concello de O Saviñao. Un lugar donde el tiempo parece detenerse y la autenticidad del rural gallego se respira en cada rincón.
La casa se asienta sobre una antigua finca agrícola con dos espacios que guardan la memoria viva del trabajo del campo.
Por un lado, la tradicional “aira” —conocida en castellano como la era— era el gran escenario de la vida agrícola. Aquí se realizaba la “malla” o trilla, una tarea esencial en la que el trigo y la cebada se transformaban en grano para la harina y paja para el ganado. Los haces segados se agrupaban formando “medas”, montones cónicos que protegían el cereal de la lluvia hasta el momento de la trilla.
Tras separar el grano, la paja se apilaba en los característicos “palleiros”, ingeniosas construcciones naturales que mantenían su interior seco incluso bajo la lluvia. Tanto es así que estas siluetas aún pueden descubrirse en antiguas ortofotos aéreas de los años 50, testigos mudos de otra forma de vivir y trabajar la tierra.
El otro gran espacio de la finca es “A Nabeira”, una zona de pasto que en otros tiempos fue también tierra de cultivo del nabo, tan arraigado en la tradición gallega. De aquí salían las tiernas nabizas y los sabrosos grelos, protagonistas de la cocina tradicional, además de forraje para los animales, especialmente para la cría del cerdo.
Hoy, Casa Miña Rula ha sabido conservar esa herencia rural y transformarla en un refugio acogedor, donde cada estancia conecta con la historia, la naturaleza y la calma. Un lugar perfecto para desconectar, respirar despacio y vivir Galicia desde dentro.
HISTORIA DE LA EDIFICACIÓN… LA PIEDRA SECA
Una técnica ancestral que da forma al paisaje





En esta aira, corazón del antiguo trabajo del campo, ya se levantaba una construcción que figura en el catastro de 1930. Por entonces era una palleira, donde se guardaba la hierba seca, junto a una pequeña bodega. Hoy, ese mismo espacio renace respetando su esencia original, levantado con una de las técnicas más auténticas de nuestra tierra: la piedra seca.
La piedra seca es mucho más que una forma de construir: es una herencia viva. Se basa en encajar las piedras unas con otras, sin usar argamasa ni mortero, solo con ingenio, equilibrio y sabiduría popular. Gracias a esta técnica ancestral se ha ido modelando, generación tras generación, el paisaje que hoy nos emociona y define como país.
Aunque se pueden encontrar ejemplos por toda Galicia, esta forma de construir es especialmente característica de comarcas como Pontevedra, Terra de Montes, Deza, Bergantiños, Terra de Soneira, Xallas, Fisterra, a Terra Chá y la Ribeira Sacra, donde aún hoy dialoga con el entorno de una manera única.
Y no es solo patrimonio local: la piedra seca gallega forma parte de la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la UNESCO, dentro de una candidatura conjunta de ocho países europeos, liderada por Grecia y Chipre, en la que, también, participó España a través de UNESCO. Esta protección internacional nace de la Convención firmada en 2003 y ratificada por España en 2006.
Además, Galicia dio un paso clave en su protección con la nueva normativa autonómica, al integrar estos principios en la Ley del Patrimonio Cultural de Galicia de 2016, garantizando su preservación para el futuro.
Hoy, alojarte aquí no es solo descansar: es dormir entre historia, tradición y paisaje, en un lugar donde cada piedra tiene algo que contar.







ESTAMOS EN LA RIBEIRA SACRA
Un paisaje cultural entre el agua, la piedra y la memoria
Casa Miña Rula se sitúa en el corazón de la Ribeira Sacra del Miño, una de las comarcas más singulares y evocadoras de Galicia, donde el paisaje, la historia y la espiritualidad conviven desde hace siglos.
El origen del nombre Ribeira Sacra encierra una anécdota histórica tan curiosa como reveladora. En un documento medieval del año 1124 aparece la expresión Rovoyra Sacrata, que en realidad aludía a un “robledal sagrado”. Una traducción posterior equivocada interpretó rovoyra como ribeira, asociándola a las riberas fluviales. Aquella confusión terminó imponiéndose y dio nombre definitivo a un territorio que, con el paso del tiempo, sí acabaría siendo profundamente “sagrado” por la intensa vida monástica y espiritual que albergó durante la Edad Media.
El río Miño, amplio y sereno, vertebra un paisaje modelado durante siglos por la mano del hombre. Sus laderas acogen las célebres terrazas de viñedos, construidas en bancales de piedra que desafían la pendiente y definen la llamada viticultura heroica. Este diálogo constante entre agua, tierra y trabajo humano ha dado lugar a una identidad paisajística única.
En el Concello de O Saviñao, donde se encuentra Casa Miña Rula, se conserva uno de los conjuntos de románico rural más valiosos de Galicia. Destaca de forma especial Santo Estevo de Ribas de Miño, joya del románico gallego y antiguo monasterio benedictino, cuya iglesia se alza majestuosa sobre el río como símbolo del esplendor espiritual y artístico de la comarca. Junto a ella, templos como San Paio de Diomondi, San Martiño da Cova, San Vitorio de Ribas de Miño o Santa María de Seteventos completan un paisaje salpicado de piedra, historia y silencio.
En su definición contemporánea, la Ribeira Sacra fue catalogada por la Xunta de Galicia en 2018 como Paisaje Cultural de Interés, reconociéndose oficialmente como una región singular por la excepcional fusión de valores naturales, históricos y etnográficos. Desde entonces, la marca territorial se identifica con el lema “Ribeira Sacra, Paisaxe de Auga”.
Este reconocimiento ha impulsado su candidatura a Patrimonio Mundial de la UNESCO, cuya resolución está prevista para 2026, y que supondría la consagración internacional de un paisaje cultural único en Europa.
Alojarse en Casa Miña Rula es descubrir desde dentro una tierra donde el agua, la piedra y la memoria conviven en equilibrio, invitando a vivir la Ribeira Sacra del Miño con calma, profundidad y autenticidad.





